NO SOLO PALABRAS – NO TODOS SON IGUALES, CONVOCAS LOS MISMOS

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Cuando atiendo a mujeres que han pasado como yo, años de terapia e incontables lloradas por la desilusión que produce finalizar una relación de pareja y las veo deprimirse, lamentarse, culparse y en muchos casos descalificarse, no puedo más que entenderlas. Era de las que creía como muchas de mis consultantes, que el problema eran los hombres con los que me relacionaba, la experiencia de vida y mi practica como Coach y Consteladora familiar, me ha enseñado que es errado concebir tal creencia.

Tradicionalmente nos relacionamos por imitación de las relaciones que alrededor tuvimos cuando fuimos niños, reproducimos la manera de comportarse de nuestros padres o quienes hayan hecho las veces de cuidadores, y la mayoría de estas las replicamos en nuestra propia vida.  Así que cuando empezamos a desarrollar el gusto por chicos, hay algo que al parecer nos indica cuál es el que más gusta, y ni siquiera nos preguntamos ¿qué es eso que tanto me atrae? Simplemente nos dejamos llevar por algo que para algunos puede ser meramente hormonal o físico. He podido observar que hay algo más grande que nos guía en este punto, e iniciamos el propio patrón de relaciones. Algunas personas logran desde niños elegir relacionarse distinto, he visto esto también, el pequeño vio a sus padres distantes o alguno de los dos ausentes, y con amor toman la sana decisión de hacerlo diferente, un porcentaje mínimo logra establecer relaciones armónicas y duraderas, ellos lo han hecho desde un patrón sano de relación, a lo que Bert Hellinger llama “mala consciencia” la misma que llevo a Cenicienta a desobedecer a su madrastra e ir al baile y conocer al príncipe.

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Luz Nelly Suárez Bonilla

Life Coach, Consteladora Familiar.

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En el caso de las que llaman comúnmente relaciones toxicas, hay patrones de relación que se repiten con diferentes parejas, y probablemente nos neguemos a creer que es algo que atraemos sistemáticamente, el hecho real es que es así. Solamente cuando paramos y analizamos con crudeza y honestidad estas relaciones es que somos capaces de evidenciar nuestro patrón, es allí cuando podemos decidir transformarlo y así lograremos hacer los cambios necesarios para salir de los mismos, relacionarnos de una manera sana y en disfrute. Puede ser que nuestra relación no sea idéntica a la de los padres, podría ser similar a la de abuelos o antepasados anteriores, por esta razón cuando los patrones saltan, es importante ver atrás e informarse y usar esta información para sanar, jamás para juzgar a quienes llegaron antes, de tal modo que sea respetuosa la forma de ver la historia familiar, total sin ella muchos de nosotros no estaríamos aquí.

Son esos patrones y el miedo a repetir una historia propia o heredada lo que generalmente nos lleva rápidamente a repetirla; de esta forma aumentar creencias como “todos los hombres son infieles”, “ningún hombre es confiable” “Todos son iguales”, “los hombres mienten”,etc. Como el cerebro lo que aprende verifica y confirma lo incluye en el archivo de datos cotejados que son requeridos para seguir vivos; cada vez que nos relacionemos de nuevo, sólo hallaremos atractivo a quien cumpla con el patrón, aunque al inicio creamos que no es así, con el tiempo esteremos viviendo la misma relación anterior, pero con nombre y apellido diferente.

¿Y entonces, qué hacer? Esa fue mi pregunta inicial, algo debía andar mal dentro de mí, tuve claro la última vez que sentí partido el corazón, y tuve la certeza que no era aquel hombre o el anterior los “malvados” yo por algún motivo me enamoraba del mismo. En aquel momento inicié la búsqueda de respuestas, el coaching fue la primera herramienta que me mostro patrones de relación y conducta repetidas; sólo hasta que inicie mi formación en Sistémica familiar desde la perspectiva de Bert Hellinger, padre de lo que hoy conocemos como constelaciones familiares; fue que comprendí que me relacionaba con los hombres desde una anhelo de niña buscando a papá, era lo que llamamos los consteladores una hijita de papá,  muy coqueta que atraía fácilmente al hombre objetivo en el momento, una vez captaba esta atención los seducía, me convertía en una especie de berrinchuda, queriendo permanentemente  que ellos satisficieran mis caprichos, y me “consintieran” o atendieran mis deseos inmediatamente, debí ser una especie de loca desatada, en cuerpo de mujer comportándome como una infante; en otras oportunidades con tal de obtener lo que deseaba me convertía en una necesidad, desubicándome y tratándolos como si fueran mis hijos, debí ser insoportable; hoy al escribir esto, es imposible evitar aún la vergüenza con los grandes hombres que por mi vida han pasado.

Y ahora que tengo plena consciencia de mis hábitos y que muchos de ellos aún surgen como fantasmas, cuando atiendo mujeres con patrones similares, las invito a crecer, a verse a sí mismas y sanar su manera de ver a los hombres; es fundamental esto, no hallaremos amor en un hombre si creemos en el interior que los malos son ellos, nadie en su sano juicio querrá estar con quien no le hará sentirse apreciado. Pero cuando un hombre se siente valorado y reconocido, permanecerá a nuestro lado y estará feliz de hacerlo.

Así que, si en su vida hoy puede reconocer un patrón similar en las relaciones personales, y no solo en las afectivas, mi estimado lector, déjame invitarle a que describa en una hoja como son esas relaciones, allí verá el patrón, y si lo agradece junto con las personas que se lo han enseñado, será relativamente fácil hallar el camino a deshacer dicho patrón y crear relaciones maravillosas.

Nada es permanente en la vida, ni la vida misma, por tanto, es posible cambiarlo y con ello la forma en que nos relacionamos con todo lo que nos rodea.

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